2 ago. 2009

DISCIPLINA O PLACER

La verdadera meditación es un estado de la mente y no un esfuerzo.

Alcanzando tal estado en más de una ocasión, este mismo estado empieza a crear sus propios ritmos sostenidos, su propio campo morfogenético y sus efectos propios sobre las vibraciones que nos rodean.

De esta manera acaba por convertirse en parte integrante de la vida, nos acompaña durante las horas de conciencia de vigilia, en el sueño y en todas las demás actividades.

Llegados a este punto, la meditación se convierte en un placer, no una disciplina, e impone su propia validación. Hasta que esto se produzca, sin embargo, no podemos sino describir sus efectos y confiar en que la curiosidad venga en apoyo de la voluntad.